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La Experiencia de la Lectio Divina

La Sencillez de la Lectio Divina

La Experiencia de la Lectio Divina

Comenzamos hoy un recorrido por los caminos de la Lectio Divina, guiados de la mano por las enseñanzas del Padre Thomas Keating. En cada envío estaremos compartiendo alguna breve reflexión del Padre Thomas acerca de la Lectio y trataremos de responder a las preguntas de ustedes acerca de esta práctica. Es posible que la mayor parte de nosotros tengamos ya una práctica establecida de Lectio, pero siempre es bueno regresar ocasionalmente a ella como si fuésemos novicios, con humildad y apertura.

La Lectio es una forma de orar con las Escrituras y ya sabemos que orar, como tantas veces nos lo recuerda el Padre Thomas, significa establecer o profundizar una relación con Dios. La Lectio es, pues, una forma de relacionarnos con Dios. No venimos a ella para adquirir información acerca de Dios, sino para ahondar en la intimidad con Él. Es muy importante acercarnos a ella en un espíritu de sencillez, sin complicaciones, esfuerzos, ni requisitos de ningún tipo. Simplemente venimos a hacernos disponibles al encuentro con el Dios que inspiró las Escrituras y que es el mismo que mora en nosotros y nos ama.

Así nos dice el Padre Thomas:

“El fruto de la Lectio divina presupone una cierta calma mental cuando llegamos a ella ... Al leer algunas páginas de la Escritura, algunos párrafos, o quizás solo unas pocas palabras, nos encontramos en la presencia de Dios, nuestro Padre, nuestro amigo - esta persona extraordinaria que estamos tratando de conocer. Necesitamos escuchar con entusiasmo sus palabras, aplicando todo nuestro ser a ellas. Esta es la razón por la que la antigua costumbre era leer en voz alta, o al menos formar las palabras en los labios, para que el cuerpo también entrara en el proceso. El Espíritu Santo inspiró a quienes escribieron las Escrituras. Él también está en nuestro corazón inspirándonos y enseñándonos a leer y escuchar. Cuando estas dos inspiraciones se fusionan, realmente entendemos lo que dicen las escrituras; o al menos entendemos lo que Dios en este momento nos está diciendo a través de él.”

“Cada período de lectio divina sigue el mismo plan: reflexión sobre la Palabra de Dios, seguida de la libre expresión de los sentimientos espontáneos que surgen en nuestro corazón. Es posible toda la gama de respuestas humanas a la verdad, la belleza, la bondad y el amor. A medida que el corazón anhela a Dios, comienza a penetrar las palabras del texto sagrado. La mente y el corazón están unidos y descansan en la presencia de Cristo. La lectio divina es una forma de meditación que conduce naturalmente a la oración espontánea y, poco a poco, a los momentos de contemplación, a la comprensión de la Palabra de Dios y al significado más profundo de las verdades de la fe. Esta actividad nos permite ser alimentados por el “pan de vida” (Juan 6, 35) y, de hecho, convertirnos en la Palabra de Dios. (Juan 6:48–51).”

Thomas Keating, Daily Reader for Contemplative Living, para agosto 17 y 18. Tomado de El Corazón del Mundo.

Preguntas de la comunidad:

¿Cómo practicamos, entonces, la Lectio Divina? ¿Cuál es el proceso? ¿Debemos seguir algunos pasos preestablecidos?
Gracias por la pregunta. En la práctica monástica de la Lectio Divina no existen pasos ni escalones. Ya el Padre Thomas nos describe el proceso en los párrafos anteriores. Es muy libre y nos disponemos a escuchar y a abrirnos a la presencia del Dios que habita en nosotros y en la Palabra. Como hace falta una cierta “calma mental,” es conveniente practicarla después de un período de Oración Centrante o unos minutos de silencio. Por eso el Padre Thomas enseña que la Oración Centrante debe, en lo posible, preceder y no seguir a la Lectio Divina. Simplemente
• Nos sentamos en silencio sin prisas.
• Hacemos una breve oración al Espíritu Santo
• Tomamos la Biblia o la lectura designada y comenzamos a leer muy lentamente, si es posible en voz alta o formando las palabras con los labios. (Lectio)
• Cuando algo nos detiene, nos atrae o nos cuestiona, hacemos un alto, repetimos la palabra, frase u oración que nos ha llamado la atención. No la analizamos. Simplemente la escuchamos, la saboreamos, la rumiamos, permitimos que nos hable y nos revele un significado personal y más profundo. (Meditatio)
• De forma natural nos encontraremos, casi siempre, en una conversación espontánea con Dios en la que a lo mejor le preguntamos, en nuestras propias palabras, qué nos quiere transmitir por medio de este texto, qué nos está pidiendo, o nos sentiremos movidos a pedir ayuda, o a alabar, a compartir lo que está en nuestro corazón o a simplemente decirle que no comprendemos lo que nos quiere trasmitir… Soltamos todo esfuerzo de concentración. Este es un encuentro entre amigos, informal, suelto, sin prisas y sin agobio. Se trata de nuestra respuesta espontánea a lo leído y escuchado. (Oratio).
• En cualquier momento quizá nos atraiga ser conducidos más allá de las palabras, simplemente descansar en silencio por unos minutos (Contemplatio), tras los cuales a lo mejor nos sintamos llamados a volver a leer o a saborear la palabra o frase que nos haya tocado. Se trata de un fluir suave, de un ir y venir, como el que ocurre en toda relación profunda.

Como se trata de una relación, no podemos programarla ni dividirla en pasos o etapas definidas. No se trata de empezar en un momento y luego ir al otro en un orden estricto. Como en cualquier encuentro entre amigos, hay veces que nos comunicamos a un nivel superficial y en algún momento pasamos a escuchar una comunicación más profunda y viceversa. Se trata de permitir que la relación fluya informalmente, sin obligaciones, prisa ni reglamentos. Se trata de un proceso sencillo de relación.

Para Practicar:
1. Siéntate tranquilamente con el siguiente pasaje (Lucas 6: 32-36) en el espíritu sencillo que hemos descrito y simplemente escucha a Jesús diciéndote esto a ti, personalmente: “¿Qué mérito tienen ustedes al amar a quienes los aman? Aun los pecadores lo hacen así. ¿Y qué mérito tienen ustedes al hacer bien a quienes les hacen bien? Aun los pecadores actúan así. ¿y qué mérito tienen ustedes al dar prestado a quienes pueden corresponderles? Aun los pecadores se prestan entre sí, esperando recibir el mismo trato. Ustedes, por el contrario, amen a sus enemigos, háganles bien y denles prestado sin esperar nada a cambio. Así tendrán una gran recompensa y serán hijos del Altísimo, porque él es bondadoso con los ingratos y los malvados. Sean compasivos, así como su Padre es compasivo.”
Te invitamos a dejarte conducir en el proceso. No te apresures. No trates de controlarlo. ¿Te dice algo personal? ¿Qué descubres? Te convidamos a compartir con el grupo.

2. Contempla lentamente el cuadro de Morris Graves en el mismo espíritu de la Lectio Divina. ¿Te añade algo a lo expuesto sobre la Lectio en este envío? ¿Qué te aporta?

3. Comparte tus reflexiones con el grupo. Recuerda que somos comunidad. Si tienes alguna pregunta o duda, compártela y trataremos de considerarla y responderla.